¿Cómo traducir Data-Driven?

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En la empresa que lidero acabamos de reelaborar, por completo, nuestro sitio web. Para nuestra sorpresa, uno de los desafíos complicados que tuvimos que abordar fue traducir al español una expresión que resulta esencial para definir lo que hacemos: data-driven.

La empresa que menciono ofrece data-driven solutions, concebidas para que una institución de educación superior pueda operar en base a data-driven decision-making.

Debatimos entre utilizar la expresión “soluciones basadas en datos” o “soluciones impulsadas por datos”, inclinándonos por la primera pues la segunda parecía demasiado poco habitual y extraña para lectores hispanoparlantes. Pero debo confesar que no quedamos del todo contentos. Porque ninguna de las alternativas que consideramos tenía la fuerza que transmite, en inglés, la expresión data-driven. Esto, porque ser “conducido” (driven) por los datos es un concepto de una potencia extraordinaria. Desafortunadamente, hablar de decisiones “conducida por datos” resulta aún más extraño en el mundo de habla hispana.

Mala suerte la nuestra, porque data-driven expresa un concepto que, según creo, está llamado a revolucionar las instituciones de educación superior. En suma, data-driven es transversal a lo que hacemos, se trata de usar los datos para lo predictivo, inteligente, masivo y personalizado, mucho más que algoritmos, analytics e IA, se trata de un Data Driven System for Education

Hasta hace muy pocos años, la gestión de dichas instituciones estaba basada en el buen (o mal) criterio de quienes las dirigían, quienes echaban mano de toda su experiencia y también, de algunos datos. Aunque dichos datos solían limitarse a un para de variables esenciales, requerían de bastante esfuerzo para ser producidos y no siempre estaban disponibles cuando se les necesitaba.

Este escenario ha cambiado radicalmente en la última década. En buena medida porque el desarrollo de nuevos algoritmos y de la inteligencia artificial, sumados al incremento sostenido en la capacidad de procesamiento de datos han hecho posible que las instituciones puedan contar hoy con una gran cantidad de datos de manera rápida –muchas veces, incluso en tiempo real– y a costos relativamente bajos.

Lo que ha traído consigo un cambio de paradigma en la gestión de dichas instituciones. Tan simple como radical: hoy, la mejor toma de decisiones posible es aquella que se basa en datos.

Hoy ya no bastan las teorías que puedan tener vicerrectores, directores de carrera u otros directivos o administrativos sobre la deserción estudiantil, las inversiones más urgentes en infraestructura, el diseño óptimo de un programa de estudios u otra infinidad de ámbitos de la gestión universitaria. Por inspiradas y criteriosas que dichas teorías sean, hoy se requiere que ellas cuenten con datos que las respalden, con evidencia levantada en terreno y debidamente interpretada.

Una verdadera revolución en la gestión. De la que, estoy convencido, podemos esperar enormes progresos para las instituciones porque los datos pueden revelarnos muchas cosas que aún desconocíamos y podríamos decir que recién están comenzando a hablarnos.

Una nueva era en la que las decisiones serán “conducidas por datos”.

Teorías que requieren de confirmación observable para ser validadas… suena familiar, ¿no es así? El método científico, ni más ni menos. Paradojas del destino. La nueva era en las universidades –cultoras de la ciencia, por excelencia– está naciendo al importar a su gestión algo del método científico.